Buscar este blog

martes, 31 de enero de 2012

Como se corre el riesgo de romperse el alma inmediatamente después de alcanzar la certeza de su existencia, el resto del camino por andar, desde el segundo siguiente al punto del des(a)tino donde se quiebra la cintura, como los mejores dribladores de la historia, ha de hacerse con la cabeza levantada, y corriendo, pero en puntillas para poder hacer el cambio de dirección en el momento menos esperado para el contrario.

Y como ese riesgo es demasiado grande, no tiene que estar actuando al tiempo con otros riesgos. Hay que cuidar que las cosas giren, en la medida de lo posible, alrededor del encuentro del alma y su consecutivo rompimiento.

Y en cada amanecer, al cambiar la luz de lugar, al cambiar el punto de máxima atención, la cara se hará como una uva pasa, sobre todo en la parte donde los ojos se quedaron sin juntarse, que lo primero que miren mis ojos al despertar sea la parte interior de los párpados, la luz puede esperar. Hay que prepararse para lo demás que jamás será lo mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario